La India es un país caracterizado por ofrecer historias curiosas e incluso inverosímiles. Y de todo lo que podía sorprendernos del país hoy hablaremos de un lugar bastante especial, Cherrapunji.

Cherrapunji es una ciudad cuyos puentes están hechos de raíces de árbol. Se sitúa en el estado de Meghalaya, en la parte noroeste del subcontinente.

Del lugar destaca su enorme humedad, siendo, de hecho, el punto más húmedo del globo. Cada año se viven monzones en el lugar que bañan las pendientes y colman cualquier surco. De hecho, la vida en este lugar es considerada como de alto riesgo por este mismo motivo. Dos records Guinness lo demuestran. Desde agosto del año 1860 hasta julio del 1861 se registró una cantidad de lluvia de 22987 litros, consiguiendo la máxima anual. Ese mismo julio también se consigue el récord a máxima cantidad de lluvia en un mes con 9300.

La creación de estos puentes de raíces de árbol en Cherrapunji se da como una manera de hacer frente a tales inclemencias meteorológicas. Se comenzó a plantar árboles de caucho, a los que se les puede dar forma con relativa facilidad. De esta manera, se pretendía crear puentes.

Hace ya 500 años desde la plantación de los primeros, aún transitables, y desde entonces en la ciudad cuenta con estructuras vivientes que facilitan la habitabilidad en una zona tan desfavorable como lo es el estado de Meghalaya. Por este motivo, es fácil comprender que los habitantes del lugar los cuiden con especial esmero. Tanto es así que, obviamente, el conocimiento necesario para conseguir estos puentes vivientes ha pasado por diferentes generaciones convirtiéndose, de hecho, en una tradición de importancia a nivel mundial, algo que no puedes ver en otro lugar.

En cuanto a las características de estas estructuras, comenzaremos por decir que, evidentemente, son un recurso que se tardará muchos años en utilizar. Una persona muy entrada en la adultez que “plante” un puente es más que posible que nunca lo transite pues se necesitan unos 20 años para que se pueda formar sólidamente.

Por otro lado, merece la pena comentar que, a diferencia de lo que se podría pensar, con el tiempo se van fortaleciendo. Que sea materia orgánica no significa que pierda vitalidad con el tiempo o que se aplaste; todo lo contrario a los puentes de acero o piedra.

Se trata de una ingeniería ecológica, respetuosa con el medio ambiente que permite que se preserve este lugar del planeta y que, además, se pueda disfrutar a diario por personas que abrazan la naturaleza. Desde luego, una práctica digna de admiración.