La Dinastía Pallava gobernó parte del sur de India seis siglos, hasta que llegó su final en el siglo IX. El máximo apogeo de estos dravídicos se dio durante el reinado de Mahendravarman I y Narasimhavarman I, entre los años 571 y 668 d.C.

Durante este tiempo dominaron a los telugus así como el septentrio del país. Además, estuvieron en conflicto constante con los Chalukyas de Badami, con los Pandyas al sur y con la dinastía Chola, que finalmente los derrotó en el siglo VIII. Perdieron su reinado y poco después desaparecieron.

Y aunque poca repercusión tenían los Pallava y poco se habla de ellos en historia del mundo, lo cierto es que se tiene constancia de su existencia desde el siglo XIII a.C así como su relación con el clan brahma-kshatra de Bharadwajan.

Destaca el incremento del comercio marítimo con el Sureste de Asia y, sobre todo, con la isla Sri Lanka.

Esta dinastía patrocinó las obras de la arquitectura dravídica más grandes de la historia, aún visibles en Mahabalipuram, consideradas, por cierto, Patrimonio de la Humanidad de este precioso y sorprendente país y cuyos templos y esculturas sirvieron de base para este tipo de arquitectura. Si quieres disfrutar de algunas muestras de esta expresión artística no tienes más que planear tu viaje haciendo una paradita en esta ciudad.

Al príncipe de la dinastía Pallava, Bodhidharma, se le atribuye la fundación de la escuela zen en China.

Del mismo modo, se sabe que la escritura pallava es la base de lenguas que siguen hablándose en la actualidad, como son el javanés, el birmano o el jemer y que su origen es el alfabeto vatteluttu, utilizado al sur de la India.

Finalmente indicar que el nacimiento de esta dinastía, como el de muchas otras, se atribuye a la rica etimología del país y no se tiene constancia verdadera de su aparición física real ni de su asentamiento como dinastía.

Terminaremos contando esta historia que los Pallava narraban orgullosos. Y es que Asawattaman, el guerrero que luchó contra el demonio Rakshasa de Ghatotkacha y su ejército, partió a meditar a Funan (al sur de la India), donde una ninfa, Menaka, pidió su mano para terminar alumbrando a Pallava, el primero de la dinastía de la que os hemos hablado hoy.